17 Octubre 2009
Saudades-OREO
A nosotros, los latinoamericanos, nos conviene más que a nadie que este Oreo llamado Obama tenga en sus manos los cambios que nos pueden ayudar, pero nos toca a nosotros poner de nuestra parte
Así le llaman en USA al negro bien puesto, universitario, alto funcionario, al que anda limpio aún no tenga un puesto de prestigio. Barack Obama es un Oreo. O sea, esa galletita de chocolate, rellena de blanca crema, que tanto nos gusta. No lo dicen de manera degradante. Es para distinguirlo aquel de diez cadenas, pantalones tres tallas más grandes, debajo de las nalgas donde salen los calzoncillos, gorra al revés y caminar chulesco. Si bien es cierto que aquí se respeta a todo el mundo, no menos cierto es, aunque no lo digan, se fijan como uno anda vestido y en cierto modo así lo tratan, porque aunque el hábito no hace al monje, lo identifica.
Ahora, un Oreo ha ganado el Premio Nobel de la Paz, y bien se lo merece. Le queda mucho por hacer. Aún así ya se ven las señales de cambio. Estados Unidos ha pasado en unos pocos meses, gracias a Barack Obama, a ser un país distinto. Los inmigrantes están esperanzados con las reformas migratorias y aunque saben que no es cosa de un día ni depende únicamente del Presidente, están seguros de que se hará. También con el Seguro de Salud que tanto dimes y diretes ha provocado será posible gracias a la tenacidad de Obama. Y lo más importante, la buena visión que tiene el mundo de lo que de ahora en adelante será USA.
Este Oreo tiene en sus manos las posibilidades de cambiar el mundo asqueroso en que vivimos a un mundo mejor. Sin embargo, tendrá que contar con el apoyo del resto de los países, incluyendo a los del decimoquinto mundo. Ya no será honesto andar hablando de que todos los males dependen del pie con que se levanten los estadounidenses. Nosotros, los países pequeños, los latinoamericanos, nos quejamos siempre, que si USA esto, que si USA lo otro, y en parte hemos tenido razón, pero si uno se pone a pensar, como dice Oscar Arias, presidente de Costa Rica y también Premio Nobel de la Paz, nosotros hemos tenido universidades, profesionales destacados y muchas oportunidades, cuando todavía Estados Unidos era un país salvaje. Para muestra la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la primera en nuestro nuevo mundo ¿Y entonces?
A nosotros, los latinoamericanos, nos conviene más que a nadie que este Oreo llamado Barack Obama tenga en sus manos los cambios que nos pueden ayudar, pero nos toca a nosotros poner de nuestra parte. Como decía Kennedy, no preguntes que puede hacer tu país por ti, sino que puedes hacer tú por tu país. Y si entre lo que hace uno y lo que nosotros podemos hacer, que es mucho, es posible un mundo nuevo. Los hispanos, que carecemos de muchas cosas, sabemos buscarnos la forma para salir adelante. Dicen que la necesidad es la madre de todas las ciencias y la nuestra es mucha. La comparación entre la capacidad de trabajo de un hispano, al que le falta todo, y la de un gringo que lo tiene todo, es muy grande, y por eso, si los políticos se portan bien y los pueblos ponen de su parte, podemos alcanzar un mundo nuevo. Este Oreo, como impulso a sus deseos por un mundo mejor, bien merecido tiene el Premio Nobel.
Denver, Colorado
Ahora, un Oreo ha ganado el Premio Nobel de la Paz, y bien se lo merece. Le queda mucho por hacer. Aún así ya se ven las señales de cambio. Estados Unidos ha pasado en unos pocos meses, gracias a Barack Obama, a ser un país distinto. Los inmigrantes están esperanzados con las reformas migratorias y aunque saben que no es cosa de un día ni depende únicamente del Presidente, están seguros de que se hará. También con el Seguro de Salud que tanto dimes y diretes ha provocado será posible gracias a la tenacidad de Obama. Y lo más importante, la buena visión que tiene el mundo de lo que de ahora en adelante será USA.
Este Oreo tiene en sus manos las posibilidades de cambiar el mundo asqueroso en que vivimos a un mundo mejor. Sin embargo, tendrá que contar con el apoyo del resto de los países, incluyendo a los del decimoquinto mundo. Ya no será honesto andar hablando de que todos los males dependen del pie con que se levanten los estadounidenses. Nosotros, los países pequeños, los latinoamericanos, nos quejamos siempre, que si USA esto, que si USA lo otro, y en parte hemos tenido razón, pero si uno se pone a pensar, como dice Oscar Arias, presidente de Costa Rica y también Premio Nobel de la Paz, nosotros hemos tenido universidades, profesionales destacados y muchas oportunidades, cuando todavía Estados Unidos era un país salvaje. Para muestra la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la primera en nuestro nuevo mundo ¿Y entonces?
A nosotros, los latinoamericanos, nos conviene más que a nadie que este Oreo llamado Barack Obama tenga en sus manos los cambios que nos pueden ayudar, pero nos toca a nosotros poner de nuestra parte. Como decía Kennedy, no preguntes que puede hacer tu país por ti, sino que puedes hacer tú por tu país. Y si entre lo que hace uno y lo que nosotros podemos hacer, que es mucho, es posible un mundo nuevo. Los hispanos, que carecemos de muchas cosas, sabemos buscarnos la forma para salir adelante. Dicen que la necesidad es la madre de todas las ciencias y la nuestra es mucha. La comparación entre la capacidad de trabajo de un hispano, al que le falta todo, y la de un gringo que lo tiene todo, es muy grande, y por eso, si los políticos se portan bien y los pueblos ponen de su parte, podemos alcanzar un mundo nuevo. Este Oreo, como impulso a sus deseos por un mundo mejor, bien merecido tiene el Premio Nobel.
Denver, Colorado
De Ligia Minaya
Comentarios
Yohanna
Lidia,
you know damn well that Oreo is a derrogatory term for either a person of mixed races or an African american person who acts different than what is expected (black in the outside, white in the inside)
No se en Rep. Dominicana, pero aqui en US Oreo se usa como un apelativo despectivo, para las personas de razas mixtas o para personas de origen afroamericano la cual actua o se comporta de una manera diferente.
esta columna debio de haber sido proffread (perdonenme no atino a acordarme del termino correcto) antes de haber sido publicada.