17 Octubre 2009

LECTURAS A DECIR COSAS por ANÍBAL DE CASTRO

Capitalismo nuestro y nunca vuestro de estos días
De los periódicos británicos, prefiero el Financial Times (FT). Las noticias me llegan frías y no porque el diario, aparcado en el dintel de la puerta antes de que claree, recoge las gélidas temperaturas que arropan ya a la capital británica entrado el otoño. A las finanzas, más cuando son altas, no les gustan las manipulaciones mediáticas ni el sentir personal de los periodistas. Igual ocurre con el norteamericano The Wall Street Journal, excepto, claro está, en las páginas editoriales donde guerra avisada no mata soldado.

Por lo que leo, el capitalismo dista mucho del final apocalíptico decretado a lo largo y ancho del mundo globalizado cuando la catástrofe bancaria del año pasado, la recesión, el desempleo y los miles de millones bombeados desde la banca central a unas economías al principio reacias a cualquier estímulo fiscal.

Poco a poco, el panorama ha cambiado y la primera página del FT del jueves recogía el conjuro alcista que ha impactado al Dow Jones, el índice bolsístico más importante en el mundo: las ganancias en el último trimestre del JP Morgan Chase, 2 mil seiscientos millones de dólares, o sea 936 mil millones de pesos dominicanos. Wall Street ha recobrado el brillo perdido, aunque no haya acuerdo de si la recuperación es firme o producto de unos especuladores y agentes económicos que quieren ver un oasis donde hay sólo un espejismo.

Espejismo o no la recuperación, el Dow Jones remontó la barrera sicológica de los 10,000 puntos que alcanzó por primera vez en 1999 y de donde había descendido en octubre del año pasado, e ignominiosamente rozado los 6 mil en el trágico marzo de este año cuando el albur regía y nadie se aventuraba a predecir cuáles bajarían más, si las temperaturas invernales o los mercados bursátiles.

No hay unanimidad, como suele ocurrir entre economistas sabido ya que la junta de dos procrea tres opiniones. Hay quienes se adhieren a la religión del optimismo y proclaman el resurgir de los mercados y la reaparición de las vacas gordas. Otros son más tímidos y hablan de brotes verdes, como los que anuncian la primavera. Y los hay enfrascados en teorías y signos negativos que hacen pensar que primero sobrevendrá la resurrección de los muertos que de la economía.

Las noticias no son ya malas, sino menos malas. Por ejemplo, 2.469 millones de personas estaban desempleadas y buscaban trabajo en el Reino Unido entre julio y agosto, en comparación con 2.467 millones en el trimestre inmediatamente anterior. Sí, hay más desempleados, pero el ritmo de aumento del desempleo se ha abatido, señal de que el mercado laboral se comporta mejor. En los últimos 13 meses, es la cifra más baja de gente económicamente activa carente de un trabajo remunerado.

Otro ejemplo. Las exportaciones de la gran economía china cayeron un 15.2% en septiembre, medidas con el mismo mes del año pasado. Para los mercados, no obstante, esa caída es un signo de recuperación ya que en agosto, la declinación fue de un 23.4%, tomando como referencia el período similar en el 2008. Hay otra lectura positiva de las cifras comerciales chinas. Menos exportaciones se desdoblan en una reducción de su enorme superávit comercial, con el consiguiente impacto positivo en las balanzas de los países con los cuales intercambia. Cosas de cifras y de apreciación, por supuesto. Porque una baja en la velocidad de caída de las importaciones chinas --de 23.4 a 15.2% en agosto y septiembre, respectivamente-- es buena noticia, no para Estados Unidos y la Unión Europea, sino para los países en vías de desarrollo que se han convertido en los grandes suplidores de materia prima para las industrias de la potencia oriental.

Pero este capitalismo nuestro de cada día, con sus contradicciones y acciones, aún es capaz de producir perplejidad y obligar a pensar al más descerebrado. La Iglesia de Inglaterra, cuya cabeza terrenal es la Reina en Londres y no el Papa en Roma, también se ocupa, igualito que la Católica, de las cosas de este mundo. Para esos asuntos mundanos, llamémosles cosas del mercado, como la bolsa de valores y las inversiones, cuenta con un grupo de comisionados. Más transparentes que sus hermanos católicos, los negocios de los anglicanos están abiertos al escrutinio público y tienen sus críticos internos no sujetos a la infabilidad papal. El arzobispo de Canterbury ha pedido públicamente aclaraciones a causa de unas inversiones en Vedanta, un importante conglomerado minero con más de 10 mil millones de dólares de capital, el cual planea iniciar la explotación de bauxita en las cercanías de una montaña sagrada en la India.

Vaya si el negocio es bueno. Pese a las debilidades de los mercados, el precio de las acciones de Vedanta se triplicó en un año. El fondo de inversiones de los anglicanos anda de capa caída y asimilado en toda su severidad la crisis económica mundial. De 9 mil millones de dólares, se desplomó a 7 mil millones en un año. Ética y ganancias, he ahí la disyuntiva que desde siempre ha marcado al sistema de libre empresa. Los inversionistas anglicanos se han decantado por los recursos naturales, con la complejidad que tal decisión acarrea y que recoge con la entereza debida el arzobispo anglicano, Rowan Williams, cuando, citado por el FT, dice que "el alma humana es una de las víctimas por excelencia de la degradación ambiental".

No menos perplejidad se desprende de un análisis superficial de la recuperación económica, tomando como ejemplos a China, el mundo menos desarrollado y las exportaciones de materias primas. Porque, y aprendí en mi prehistoria de estudiante de Teoría del Desarrollo también en este Reino Unido, que una de las causas del subdesarrollo era la especialización derivada de la división internacional del trabajo. A nosotros, los países pobres, sin voz ni votos, nos asignaron en el reparto producir materias primas con muy escaso o cero valor agregado, que, una vez exportadas a las economías ricas nos eran devueltas ya transformadas en bienes industrializados o de consumo, con un alto valor agregado y el consiguiente beneficio para los manufactureros. Ergo, China, ese bastión del comunismo y la justicia social, se ha convertido en el nuevo protagonista de la teoría de la dependencia.

Son ahora los chinos, no los imperialistas yankis ni los colonialistas británicos, los que recorren con ojos capitalistas los rincones de la geografía africana, latinoamericana y de la pobreza en busca de petróleo, minerales, productos agrícolas en grandes volúmenes y nuevos mercados para atiborrarlos de baratijas y bienes de consumo perecederos y de capital. Pero también con ofertas de préstamos bancarios y financiamiento para obras de infraestructura, de ésas que dejan unas comisiones extraordinarias que desaparecen en cuentas suizas o los paraísos fiscales que aún quedan. Los papeles se han invertido. De nuevo la ética versus la ganancia.

Lo peor de la crisis, parecería ciertamente, ha quedado atrás y motivos hay para un optimismo moderado, pero también para otras preocupaciones allende las éticas. JP Morgan Chase ha sabido otear con acierto el panorama de dificultades y sacado gran provecho. Sus ganancias revelan la nueva tendencia en las finanzas. Algo así como lo que descubrieron los banqueros dominicanos hace ya años, y fue que las ganancias no estaban en los préstamos a los grandes, tan grandes que hasta rehusaban conceder colaterales y mostrar sus verdaderos estados contables, sino a los pequeños clientes, en la banca al detalle, en los negocios con los chiquitos, en las tarjetas de crédito.

Otra es la historia en los Estados Unidos, producto directo del descalabro del consumidor medio y pequeño. El negocio con los consumidores le dejó 700 millones en pérdidas al JP Morgan en ese mismo trimestre último de ganancias fabulosas, y las perspectivas son que las tarjetas de crédito le reportarán 1,000 millones de dólares en rojo en los primeros seis meses del año que viene. En la cartera hipotecaria, las proyecciones hablan de 2,500 millones irrecuperables. Los préstamos al detalle decrecieron un tres por ciento más adicional y, contra viento y marea, la bolsa se columpió hacia lo alto empujada por las "buenas noticias" del JP Morgan.

En contraste, los otros dos gigantes bancarios norteamericanos, el Bank of America y el Citi anunciaron el jueves y ayer pérdidas por mil y 8 mil millones de dólares, respectivamente, de agosto a septiembre. Las cuentas en rojo manan del mismo lugar en ambos, como hemorragia irreprimible: los préstamos al consumidor, tarjetas de crédito e hipotecas incluidas. Al igual que el JP Morgan, las pérdidas en esos renglones continuarán bien entrado el 2010.

Sin embargo, otro banco, pero de inversión, Goldman Sachs, registró ganancias trimestrales ascendentes a 3.2 mil millones de dólares.

En la fiesta en Wall Street no bailan los inversionistas pequeños. Ese 53% que ha rebotado el Dow Jones desde los estrépitos de marzo ha ido a beneficiar a los llamados inversionistas institucionales, los fondos de inversiones y de pensiones, de donde salen las comisiones descomunales que enriquecen cada año a un ejército de especuladores y "genios" bursátiles.

En esos meses trágicos, los pequeños inversores trasladaron alrededor de 200 mil millones de dólares de la bolsa al mercado de dinero, es decir, a certificados de depósitos y cuentas de ahorro que no pagan casi nada porque los intereses están por el suelo. Las cifras hablan de que sólo 56 mil millones de dólares de ese total han retornado a la compra de acciones desde abril hasta ahora. Lo poco hay que cuidarlo mucho.

El negocio rentable en el capitalismo financiero se ha desplazado a los bonos, al corretaje bursátil y al comercio de divisas, por lo que la banca de inversión ha sido la gran ganadora. El mercado de los bonos se ha fortalecido gracias a la decisión de las grandes empresas y los bancos, de financiarse directamente. Los altibajos del dólar han adicionado atractivo al mercado cambiario y del oro. Wall Street está de plácemes y el consumidor, hecho tiras. El inversor capitalista se ha recuperado y ganado con la crisis, no el hombre común y corriente.

En este capitalismo nuestro y no vuestro de cada día, se reafirma una regla que no por vieja se rompe: las riquezas les llegan siempre a los ricos, equivalente a, sin necesidad del mercado cambiario, a que nunca hay felicidad en casa del pobre.


De Diario Libre

Comentarios

Felipito "Fortune, that arrant whore, ne´er turns the key to the poor" Shakespeare, King Lear