El merengue de las décadas pasadas, en alza
Demostrado con el show "Los años dorados, las tres décadas del merengue", en Jet Set
SD. Dejémonos de mentiras, el merengue que está vivo y del cual siguen alimentándose la mayoría de los intérpretes que están en la cima (léase Fernandito Villalona, Sergio Vargas, Eddy Herrera, Los Hermanos Rosario, El Torito y El Jeffrey, por sólo citar algunos) es el de las décadas de los 70, 80 y 90.
Gracias sobre todo al impacto de agrupaciones, voces, arreglistas y temas como los que empujaron a un Wilfrido Vargas en los 70; Dioni Fernández y Manuel Jiménez en los 80 y Ramón Orlando en los 90, entre otros.
El público sigue pendiente, más allá de la nostalgia, de aquellos días. Quien echó a andar esa máquina del tiempo fue la productora Estela Núñez en sus "Noches del Recuerdo", en el Teatro La Fiesta del Jaragua.
Luego, productores con detector de oportunidades, como Amable Valenzuela, Jesús Melo y Alberto Bernabé, se dieron cuenta que en el modelo de leyendas establecido con el Buenavista Social Club y el Afrocuban All Star, hay un filón que no se había explotado. Así que manos a la obra. Y ahora más de un show promete un viaje en el recuerdo.
Ese irredento ejército de merengueros empieza a despertar del sueño eterno, cual soldados chinos de terracota tocados por el sonido del güiro y la tambora. Los hay incluso que entonces pasaron sin penas ni gloria y que ahora aparecen en las carteleras con derecho propio.
Nada, que el sedimento del tiempo tampoco ha hecho mucho en cuanto a exigencia cualitativa. Lo importante es que el fenómeno de la "eternoretornografía" (que inventara el poeta Wichy Nogueras) está ahí.
La noche del lunes, por el escenario de Jet Set desfilaron Roberto del Castillo, Vicente Pacheco, Musiquito, El Nazareno, Henry García, Raldy Vásquez, Carlos David, un Ramón Orlando inmenso, que le queda grande, junto a Bonny Cepeda, al resto de los intérpretes (ahí fue el clímax del show, donde hasta fuegos artificiales habían), y un Monchy Capricho que hizo descender la curva de atención, para terminar con un Alex Bueno deslucido una vez más, que subió en un 'jumo', que daba vergüenza ajena, hasta por radio, cuando a las 2:30 am, ya uno se había marchado.