Un mensaje para los candidatos: el electorado quiere soluciones en educación, salud y seguridad
Una entrevista focal, con personas de distintas edades, oficios y clases sociales, ilustró sobre los problemas que más preocupan a la ciudadanía
SANTO DOMINGO. "Aquí nacemos cada cuatro años como nación", reflexiona Vicente Brioso, en medio de una lluvia de opiniones.
En ese momento todos coinciden en criticar que las iniciativas gubernamentales se caen con cada cambio de administración.
El comentario surge entre once personas que acuden a una entrevista grupal con la pregunta general de qué espera la ciudadanía de los candidatos presidenciales.
Brioso, un técnico electricista sin estudios superiores, se inscribe en la mayoría que prioriza la educación. "Para mí la educación es básica, porque con ella se puede conseguir todo lo demás", opina Ana Divi Arbaje.
De distintas edades, clases sociales y ocupaciones, estos electores acuden a la invitación de DL para discutir las expectativas de las ciudadanía ante las elecciones presidenciales. Cada quien aporta desde su óptica, sin que nadie identifique al candidato o partido político de su preferencia.
Educación
El grupo se queja de que los gobiernos incumplen la Ley General de Educación, que manda asignar al sector el 4% del Producto Interno Bruto o el 16% del Presupuesto Nacional.
Divi Arbaje toma la palabra. Se pregunta por qué le cuesta tanto a una pareja de clase media tener más de un hijo y educarlos en un colegio privado. "Aquí el salario promedio no es tan alto que te permita llevar una vida cómoda. Si uno hace un esfuerzo por dar una educación de calidad, entre comillas, se te va el 80% del salario de la pareja en la educación".
Comparte con sus contertulios que le gustaría ver a sus cuatro hijos educarse, trabajar y hasta morir en el país, pero siente que las oportunidades están en el extranjero y que no puede retenerlos en sus aspiraciones de una preparación de calidad.
Ejecutiva en el programa Fe y Alegría, de la Iglesia Católica, Arbaje considera que una educación deficiente se refleja en la falta de oportunidades laborales, en la insalubridad y hasta en el caos del transporte.
Salud
El área en que reprobaron todos los partidos es la salud, asegura la psicóloga infantil Fiordaliza Jiménez. Entonces se suma Héctor Luis Ceballos, un estudiante universitario.
Desilusiona, sostiene el soltero de 19 años, que las personas pobres acudan a los hospitales y salgan sin sus males resueltos. Habla con conocimiento de causa porque es hijo de un médico. Con frecuencia su padre llega a casa con la historia de un paciente de diabetes que volvió a su hogar sin el tratamiento necesario por falta de recursos para insulina.
"Cómo es posible que en un país como el nuestro estemos invirtiendo en cosas superfluas, en falsas necesidades, cuando salud y educación son dos cosas totalmente básicas para un país en vía de desarrollo", cuestiona.
De vuelta Jiménez, que tiene tres hijos adultos, opina que antes de construir majestuosos hospitales, los gobernantes deben equipar a los existentes.
Y agrega elementos a su crítica. "Los médicos ganan muy poco después que se fajan tantos años y hacen especialidades. Los motivan diciéndoles que tienen que ser buenos porque salvarán vidas, pero ¡cónchole, qué pena que ellos no logran lo que quisieran!".
Mal de muchos
Durante dos horas de conversatorio, la educación se convierte en asunto recurrente, que entra y sale, de forma directa o transversal a otras problemáticas. Pero un tema se impone sobre los demás en nivel de coincidencia y sobre este punto casi todos tienen experiencias particulares: la inseguridad.
Con dos hijas menores de edad, Franklin Badía se siente desesperado por salir del sector Pantojas, porque la educación que él se preocupa por darles se ve amenazada por el entorno. Clama por la intervención urgente de las autoridades "porque eso está minado de delincuencia; hay buenos residenciales, pero no hay un control. Después de las nueve de la noche no se puede salir".
Mary Bienvenida Palacio cuenta que un día bajó los vidrios de su vehículo para ahorrar combustible, pero terminó perdiendo todo, documentos, dinero en efectivo y tarjetas de crédito. "El señor vino, metió su mano y se llevó la cartera con todo", se queja Palacio, que trabaja como peluquera a domicilio.
"Aquí no hay una seguridad para nada, ni para los hijos ni para uno", continúa esta madre soltera, quien asegura que se siente indefensa por donde quiera que anda.
Pero Brioso, que vive en Yaguate, San Cristóbal, ve también la delincuencia en las asociaciones de propietarios, choferes y cobradores del transporte público.
Cree que los llamados sindicatos se aprovechan de la permisibilidad de quienes gobiernan para cometer actos vandálicos y amenazar la seguridad de los pasajeros.
"Aquí se le busca mucho la vuelta a las cosas para no usar represalias. Yo creo que el Gobierno confunde la democracia con la mucha flexibilidad", dice.
Ante tanta indefensión la gente se torna indolente y pierde sus hábitos solidarios, porque no sabe en quién creer, agrega Divi Arbaje, quien se define como cristiana.
Junto a Arbaje, Jiménez, Ceballos, Brioso, Palacio y Badía, participaron Nicolás Cáffaro, microempresario; Isidro Jaques, chofer privado; Florentino Alonso, ingeniero electricista; Enma Rosario, fisiatra y educadora, y Bolívar Ramírez, motoconchista.
El grupo se mostró convencido de que la dirigencia política sabe lo que la población quiere escuchar y lo promete, pero a la hora de sentarse en la silla presidencial se rige por otra agenda.